Cuando duele demasiado, no son las cosas… es tu mirada.

Cuando duele demasiado, no son las cosas… es tu mirada.

¡Cómo me gusta tu mirada de las cosas!”, me dijo. A mi también me gusta. Pero no es buena porque sea mía, sino porque esta mirada hace que las cosas no me duelan tanto… Y lo más importante es que, como es aprendida, puede ser también tuya.

Las emociones se originan en los pensamientos. Estos son la interpretación de la realidad. Es decir, que lo que sentís depende de como lo mirás. “¿Y si no me gusta lo que veo?” No se trata de que te guste o no, sino de que entiendas y aceptes que tu mirada no es la única verdad, que siempre hay otras verdades posibles. Supongamos que estás frente a una esfera. Tu mirada ve sólo una parte. No es una cuestión de capacidad. Desde ese lugar, no podés ver la esfera completa. Ni de ese, ni desde ningún lugar. Si esa mirada “duele”, podés correrte y ver el otro lado. Podés también, intentar enfocarte en detalles minúsculos que, tal vez, pasaste por alto. Podés poner más luz, y tal vez, aparezcan otros matices de colores. Podés preguntarle a otro que esté más lejos, cómo se ve a mayor distancia. Y si, después de haber intentado todo esto, sigue doliéndote la “mirada”, podés dejar de prestarle atención a esa esfera y mirar para arriba o para los costados. Y aunque no hagas nada de todo esto, el sólo hecho de que sepas que es posible otras miradas, que tu mirada no es el fiel y único reflejo de la realidad, será suficiente para que duela menos. 

 

Las emociones tienen la contundencia de los pensamientos que las originan. Si los pensamientos son flexibles, no categóricos (“puede ser”, “me parece”, “yo creo”) las emociones son tolerables. No es lo mismo pensar “estoy sola” que, “no tengo pareja”; “soy un inútil” que, “hoy no pude”; “la vida es una porquería” que, “en este momento mi vida está complicada”;”no le importo a nadie” que, “no le importo a fulana y mengano”; “jamás voy a poder” que, “hoy no estoy preparado”. Rompé con los pensamientos estructurados, absolutos. Enseñale a tu mente a ser flexible para que las emociones puedan fluir. Eso no evitará que estés mal alguna vez, pero hará que no duela para siempre, sino sólo por hoy. Cuando duele demasiado, no son las cosas… es tu mirada.

Mirta Medici

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Imágen de portada: Ricardilus

 

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Pablo

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