Para vivir mejor

Para vivir mejor

Hay algo que nos pasa a los seres humanos que aún hoy, después de tantas cosas vividas, tantas personas conocidas y experiencias compartidas, no termina de sorprenderme. Pero en serio, todos los días!! Por qué nos cuesta tanto vivir bien? Por qué nos cuesta tanto disfrutar de la vida? Algo que debiera ser tan, tan, pero tan simple, se nos transforma en una desafío de todos los días. Cómo si eso estuviera destinado para algunas etapas de la vida, para algunas personas. Un lujo para pocos.

Y como todos “queremos pertenecer” a ese selecto grupo de gente feliz, nos pasamos la vida creyendo que de la única manera en que lo lograremos, es poniéndonos los anteojos de color rosa y viendo la vida así, toda rosa. Y así, es cómo nos perdemos de todos los matices, del resto de los colores, de las emociones, de las opiniones, de las diferentes formas de ver la vida.

Entonces nos disponemos a estar siempre bien. Y eso es bueno! Pero el problema es que nos olvidamos que para estar bien, muchas veces tenemos que darle paso a situaciones o emociones, que en principio no son agradables. Por ejemplo, terminar con una relación toxica, me implica poner límites, confrontar y tal vez darme ese lugar de valoración personal que nunca me dí, pero que ya está bien… es hora de hacerlo…

O al revés, pretendo que mi vida sea una felicidad continua, permanente. Y cuando algo viene y la destiñe, no lo acepto, lo niego y siento que la vida es enormemente injusta conmigo. Y me alejo de las cosas, personas, situaciones que me muestran que nada es perfecto y que de eso se trata la vida, de aprender de las diferencias, de las contradicciones, aún de las mías propias.

Otra cosa también que hacemos muchas veces es traer a primer plano lo mal que están otras personas de mi entorno, del país, del mundo y recién allí, me permito valorar mi vida, mis logros, mis crecimientos. O ni siquiera, a veces ese malestar es una excelente excusa para no cambiar, para no crecer, para no encontrarle sentido suficiente a mis objetivos.

Nos pasa siempre. Pensar ¿cómo hago para cambiar? ¿Por donde empiezo? Y son las pequeñas acciones de todos los días, las acciones, pensamientos y sentimientos que se nos presentan todos los días, las que nos permiten vivir cada día mejor. Les propongo probar algunas formulas que tal vez, los pueden ayudar.

Encontrá aspectos positivos en aquellas cosas o personas que despiertan tu queja o tu critica. Aunque sea uno, seguro que alguno hay. Algo bueno tenemos todos, aún cuando no estemos totalmente de acuerdo con el otro. Esa sola razón por la que la queja ya no tiene razón de ser, hace que toda esa energía puesta en protestar, vuelva a nosotros como una catarata de fuerza vital positiva. 

Cuando la furia te domine, la intolerancia te invada, respirá profundo, contá hasta 100, retirate unos minutos, pone o ponete un límite. En definitiva, no participes de las situaciones que sabés, porque vos lo sabés, nunca tienen un final feliz.

Cuando necesito algo, pedirlo directamente, ser breve, ir al punto. Y aceptar las limitaciones de los demás en cuanto a lo que me pueden dar. No sirve esperar que me adivinen el pensamiento, que uno sólo me colme todas mis necesidades vitales, que el otro me dé aquello que ni siquiera yo me doy a mi misma. 

Hoy ya me tengo que ir, sigo la próxima. Pero no te olvides de lo mejor, de lo que hace que estemos vivos, así, sin muchas explicaciones: da, date y recibí afecto, caricias positivas, reconocimiento. Abrazá, besá, ciudá, decí cosas lindas y permití que otros lo hagan hacia vos. Esa fórmula sí que no falla nunca cuando queremos sentirnos mejor, verdad? Hasta pronto!

Lic. Florencia Heredia

Pablo

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